Aunque es posible hablar de comunicación masiva desde que la invención de la imprenta por Gutenberg, no fue sino hasta la década de 1920 cuando se
llevaron a cabo los primeros estudios sobre la influencia de la propaganda en el contexto de la Europa de la Segunda
Guerra Mundial, con el ascenso de los regímenes fascistas de Alemania e Italia. Si bien los clásicos griegos como Aristóteles, Gorgias y Sócrates, hablaron de la persuasión como un modo para llevar a cabo el proceso de la
comunicación; estos autores se quedaron en el nivel lógico-semántico de la
cuestión y no plantearon el asunto desde el punto de vista de una sociedad
completa.
Aunque la retórica fue elaborada por Aristóteles hace ya más de 2300 años, se basó en la observación empírica y esto fue el cimiento de la gran infraestructura de la comunicación. Cabe destacar que más que nada se enfocaba en el orador. La retórica tuvo mucho menos interés en lo que había más allá del orador, en los que escuchaban (el público), ni tampoco en la retroalimentación que en algún momento se podía dar. En la antigüedad, la retórica tuvo un enorme prestigio como disciplina, y fue vista como un modelo en el cual una sola persona podía convencer a todo un público.

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